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El Diaño burlón y sus travesuras

 

Galicia es tierra de magia y leyenda, de meigas y trasgos pertenecientes a una mitología propia, que protagonizan historias increíbles e inquietantes. En Paniagua nos encantan todos estos personajes y relatos, y por ello hoy queremos presentarte al Diaño burlón, uno de los más peculiares habitantes de nuestros bosques y aldeas, y también de las de Asturias, donde se le conoce como Diañu.

¿Cómo es y a qué se dedica el Diaño Burlón?



El diaño burlón se representa habitualmente como un duende de baja estatura y patas de cabrito, aunque su habilidad más notable es precisamente la de adoptar la forma que desee. De esta manera puede pasar inadvertido, imitando la figura de animales como caballos o carneros, o de seres humanos, en especial de bebés y niños.

Su principal afición es gastar bromas, de ahí su apelativo. No es un espíritu diabólico ni actúa con mala fe, pero puede llegar a resultar muy irritante con alguna de sus travesuras. Su hábitat es la noche y acostumbra a asustar a peregrinos desorientados, a caminantes a deshora, a ganaderos que han perdido al ganado o a quienes vuelven tarde de una fiesta.

Su repertorio de travesuras

Como decimos, esta criatura vive por y para incordiar al caminante y al campesino desprevenido. De entre sus bromas pesadas, se cuenta que el Diaño adoptó forma de cabritín, y finjiendo pasar frío, consiguió que un campesino le acogiera en su casa. Una vez allí, el Diaño no paró de incordiar a su generoso anfitrión.

Una de las bromas pesadas que más repite, es la de adoptar la forma de un perro negro y atemorizar a los caminantes en la noche.

Sin embargo, la trastada más recordada de este pequeño diantre, fue la protagonizada por un mozo y un burro blanco. Cuenta la leyenda que, camuflado el duende burlón como ese burro, se ofreció a llevar a su destino a un caminante que volvía a deshora. Una vez montando el mozo, el burro comenzó a crecer y crecer hasta alcanzar la estatura de un gigante. Tras adquirir esas enormes dimensiones, el burro comenzó a galopar, haciendo que el mozo saliera despedido has caer en el punto de partida de su caminata.



Ahora que ya conoces la historia de esta pequeña criatura, quizá debas pensártelo dos veces antes de pasear a la luz de la luna. Nosotros te proponemos tomarte una copa de licor Paniagua en casa a salvo de las bromas del Diaño. Siempre con moderación, eso sí, si no es mucho más probable que le acabes viendo.

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